HABLAR NO SIEMPRE ES SUFICIENTE, CUANDO DE SEXUALIDAD SE TRATA
MTG. Ancira Donaí Dueñas M.
Psicoterapeuta Gestalt
Es muy cierto que, cuando hablamos de estrategias para lograr buenas relaciones sexuales con la pareja, existe una frase que ya sea que la escuchamos, la leamos o la digamos, difícilmente faltará en el listado de recomendaciones: “siempre será importante hablar con la pareja para comunicar los deseos, expectativas y fantasías eróticas de sí misma y del otro”. Pero y ¿qué sucede cuando aun a pesar de hablar y hablar pareciera que cada uno lo hace en un idioma completamente ajeno al del otro, y por lo tanto, al final no pasa nada?… ¿Hará falta algo más?
Desgraciadamente sí. No será suficiente hablar acerca de lo que deseamos para que esto suceda; pues la mayoría de las veces, cuando lo hacemos, la pareja nos oye y luego, traduce lo que dijimos a su propio mapa de comunicación y desde ahí reinterpreta nuestras palabras y por lo tanto actúa en consecuencia. Cuando esto sucede, en muchas ocasiones llegan a existir sensaciones de desagrado de parte de nosotras o de ellos, y nos lamentamos que, si bien estamos siguiendo las recomendaciones de hablar, al parecer no somos claras y que cuando pedimos, lo hacemos de tal manera que nadie o sólo nosotras llegamos a comprender lo que deseamos.
Recordemos, no basta con hablar, querer comunicar una idea, pedir las cosas o hasta hacerlas para que entonces así la pareja adivine o entienda lo que deseamos en realidad, y no olvidemos que cuando hablamos del ámbito sexual en la vida de una pareja, intervienen no sólo los genitales; pues entran también en juego nuestras historias de vida, la propia percepción de la imagen corporal, la autoestima, seguridad, fantasías, sueños y expectativas, sólo por nombrar algunas de ellas. Y aquí no para la lista, habremos de tomar en cuenta además de éstas, todas las de la pareja, ya reza el dicho: cada cabeza es un mundo.
Cuando hablamos con la pareja acerca de nuestros deseos sigue la mejor parte: rectificar o corroborar que somos escuchadas y entendidas tal como queremos que sea, y mucho ojo, esto no significa que nuestra pareja nos escuche sin voltear a ver el monitor de la computadora o el televisor. Sino que cuando hayamos terminado de transmitir una idea o una propuesta relacionada con alguna actividad erótica que deseamos realizar, por citar un ejemplo, debemos preguntar de manera amorosa y respetuosa: ¿fui clara?, ¿me di a entender? Y en el mejor de los casos, si la situación se presta, pedirle que repita con sus propias palabras cómo fue que entendió el mensaje o qué o cuál es la idea con la que se queda. Es decir, hablar no significa que seamos claras al transmitir un mensaje y mucho menos, que nuestra pareja lo comprenda como deseamos. Es por eso que tenemos que apostar a nuestra creatividad, y si una vez hablado no tenemos la respuesta deseada o muy por el contrario, tenemos una serie de respuestas completamente diferentes a la de nosotras, basta con parar y analizar juntos qué fue lo que entendió o pidió cada uno.
Una vez constatado y corroborado que fuimos claras, y que la pareja escuchó y entendió el mensaje y la invitación a mi deseo, el siguiente paso es negociarlo. Porque por muy clara que se tenga la idea de manera verbal, es necesario negociar entre su deseo y mi deseo, pues nuestras relaciones sexuales no “tienen” que ser como yo las anhelo o como la pareja las anhela. Recuerden, hablar de sexo es sinónimo de sumar no de restar, es momento de convertir en asistencias las resistencias y tal vez la próxima vez no sea como yo quiero ni como mi pareja quiera, pero sí sea de una manera gratificante que ambos construiremos tras haber negociado, comunicado y respetado el deseo del otro.